Foto: Ángel Leiva Espinoza

Escribe: Franco Sánchez Rodríguez

Múltiples medallas cuelgan sobre su cuello pese a su corta carrera deportiva. Juan León Durán es el segundo de cinco hermanos y actualmente es uno de los paranadadores peruanos más reconocidos a nivel local e internacional. ‘Juancito’, para las personas más cercanas, poco a poco se encuentra haciéndose un camino en algo que se encuentra en pleno crecimiento en nuestro país: el paradeporte.

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“La paranatación cambió mi vida, es todo para mí”. Y es que realmente así lo es. Cuando tenía 27 años, allá por el 2014, fue víctima de un incendio que le generó la perdida de sus extremidades inferiores. Por obvias razones, esto es algo de lo que cuesta mucho hablar. Sin embargo, hay una cosa que admite quizás sin darse cuenta: desde esa fecha nació un nuevo Juan León Durán, un guerrero y luchador de la vida.

Debido a lo que le ocurrió tuvo la oportunidad de conocer, por cosas del destino, a su actual entrenador Fernando Cuadros, su compañero de mil batallas al igual que su pareja Lindsay. Fue el profesor quien lo invitó a entrenar a la piscina de Campo de Marte y fue él también quien lo ayudó a lograr la marca clasificatoria en los 400 metros libre para los Juegos Parapanamericanos Lima 2019 (23 de agosto – 11 de septiembre).

“La vida está lleno de retos. Ya depende de ti si te dejas vencer por un pequeño obstáculo que se te presente en el camino. Somos personas con discapacidad que gracias a Dios estamos aquí para hacer ver las cosas de otra manera para quienes quizás se encuentren bien. En nuestras condiciones nosotros seguimos para delante y luchamos por lo que queremos”.

León ha clasificado a Lima 2019, pero tiene claro que ese no es su único propósito. Estar en unos Juegos Paralímpicos también está en sus planes. No obstante, hay algo que le quita el pensamiento todos los días. Y es que al ver que las personas con discapacidad son excluidas por una sociedad en donde el lado humano se está perdiendo cada vez más, se siente en la obligación de hacer algo, de actuar. Por ello, tiene previsto estudiar en un futuro una carrera ligada a la política, para así trabajar en uno de los cuatro poderes del Estado y contribuir con los suyos, sin dejar de lado a nadie.

Foto: Ángel Leiva Espinoza

¿La paranatación te ha hecho ver la vida de otra manera?

Ha cambiado mi forma de ser, de pensar, y, sobre todo, mi actitud hacia muchas cosas, hacia la vida misma. Yo pensaba que siempre me iba a quedar en una silla de ruedas y que mis días iban a ser esos, que mi mamá trabaje para solventarme. Pero no. Hoy hago mi vida normal. Le agradezco a Dios por darme esa fortaleza y por abrirme muchas puertas.

¿Cómo es tu día a día fuera del paradeporte?

En el programa de terapias llegué a conocer a Lindsay (Masgo Cano), mi novia. Al principio vivíamos en la casa de mi madre, pero sabes que uno quiere tener algo propio. Así que nos fuimos y nos compramos un terreno por el distrito de Santa Rosa, cerca de Ancón, ahí tenemos una casa prefabricada. Ella también comparte mi noción sobre la paranatación. Nos apoyamos mutuamente en lo que haga falta.

¿Cómo hacen para poder sacar todo esto adelante? ¿te encuentras laborando actualmente?

Por el momento solo me dedico al comercio ambulatorio. Soy ambulante de corazón. Gracias a este trabajito me solvento muchas cosas, como los pasajes, la alimentación, una dieta balanceada. El trabajo que realizo me ha ayudado bastante, no ganaré una millonada, pero todo lo que obtengo se va en mi paradeporte, porque invierto en mí mismo para mejorar cada vez más. Además, me permite colaborar con mi señora.

¿Qué tipo de relación tienes con tu familia?

El apoyo familiar es único. Con mis hermanos me llevo de maravilla, entre broma y broma me hicieron reír e hicieron que me olvide de mi discapacidad y me enseñaron que la vida continua y que debo seguir para adelante.

¿Qué reacción tuvieron cuando les dijiste que te ibas de la casa?

Mis hermanas son celosas, ellas dijeron que cómo me iba a ir, que por qué me iba. Lo único que les comenté era que ya era mayor de edad y que tenía el derecho de hacer mi vida, que quería salir adelante con mi esfuerzo y que no deseaba estar en casa todos los días. Mi mamá dejó en claro que me apoyarían y que estarían pendiente de mí. Ella siempre va a visitarnos al igual que mis hermanas. Comprendieron que uno tiene que ‘salir del nido’.

¿Sentiste miedo al tomar esta decisión?

Al principio fue algo nuevo para mí, ya que nunca había convivido con una mujer. Vivir con mi pareja actual me ha enseñado a ser otra persona, a querer lo que tienes y a valorarlo, pero, sobre todo, a estar en las buenas y en las malas con quien te aprecia, te quiere y te ama.

Foto: Ángel Leiva Espinoza

¿Cómo era Juan León Durán antes de los 27 años?

Era un joven como cualquiera. Me gustaba los deportes, jugaba partido todos los fines de semana, salía a fiestas con mis amigos, paraba en reuniones familiares, me encantaba bailar. Me iba a los cerros a tirarme mortales.

¿Siempre has vivido al extremo?

Sí. Una vez casi me lleva el mar. Estaba en la playa, comenzaron a salirse las olas y me empezaron a jalar hasta un sitio de piedras, hice todo lo posible por salir. También he estado en el servicio militar. El servicio me enseñó a ser más disciplinado y me hizo cambiar la mentalidad que tenía a esa edad. Cuando uno es joven vive la vida loca y no se da cuenta de todas las consecuencias.

¿Qué proyecto de vida tienes? ¿qué te gustaría lograr como ser humano?

Me gustaría agarrar una carrera, quisiera estudiar una profesión. Sé que lo voy a hacer. A largo plazo espero llegar a postular a un partido político que cumpla con los estándares que busco, que no esté ‘manchado’ por cosas corruptas que puedan perjudicar mi imagen. De encontrarlo, entraré allí para lanzarme como congresista. ¿Por qué? Pues porque quiero que la sociedad vea que las personas con discapacidad tenemos derechos. Muchos entran al Congreso con la intención de querer ayudarnos; sin embargo, se terminan olvidando de nosotros. Tengo varios proyectos bien estructurados que más a futuro los estaré planteando. No busco lucrar con esto, sino apoyar de corazón.