Foto: Franco Sánchez Rodríguez

Escribe: Franco Sánchez Rodríguez

Líder y guerrero. Estas palabras describen a la perfección a Johny Zapata, capitán desde hace ocho años de la selección peruana de baloncesto en silla de ruedas. Con tan solo 19 años, Johny descubrió el mundo de los aros y las canastas en la ciudad de Piura, muy cerca de su natal Sullana. Encontró en las canchas el sitio ideal para olvidarse de todos sus problemas.

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Actualmente reside en Los Olivos junto a su esposa Julia Zegarra y a sus dos pequeños hijos. Desde muy temprano sale a vender dulces a la calle para ayudar en la economía de su casa y cuando termina, promediando las 20:00 hrs., se da un tiempo para entrenar y jugar con sus amigos, ya que necesita estar en ritmo competitivo para cuando le toque viajar a Trujillo y representar a los Chicago Star.

“Este deporte es mi pasión. No me pagan por jugar en el club, no recibo ninguna ganancia, lo hago porque amo hacerlo”. Esa pasión lo llevó a colocarse la blanquirroja en el pecho y jugar por nuestros colores en el Campeonato Sudamericano que se realizó en tierras nacionales. Si bien se obtuvo un quinto lugar, el equipo mostró un avance de cara a los Juegos Parapanamericanos.

Foto: Franco Sánchez Rodríguez

Johny se encuentra luchando con la secuela de poliomielitis (enfermedad infecciosa que destruye selectivamente las células de los cuernos anteriores de la médula espinal), pero eso no le ha quitado todo el coraje y liderazgo que muestra dentro del terreno de juego. “Eso lo fui ganando poco a poco con el pasar de los años. Hay muchos jóvenes atrás de nosotros con bastante talento, espero que se puedan quedar con la experiencia que les estamos dando. Todos somos referentes”.

Con 39 años, Johny Zapata está en un gran nivel como deportista y tiene muchas ganas de afrontar el gran reto que será Lima 2019; sin embargo, es claro que aún hay cosas por hacer. “Necesitamos sillas y tener un buen coliseo para poder entrenar”. Materiales esenciales para una buena preparación y para personas, que sin ser reconocidas, dejan hasta la última gota de sudor por el país.