Foto: Ángel Leiva Espinoza

Escribe: Franco Sánchez Rodríguez

Para alcanzar sus sueños uno tiene que dejar muchas cosas en el camino y sacrificarse en cuerpo y alma. Así lo entendió Jesús Altamirano años atrás cuando emprendió su preparación para el Mundial Juvenil Sub-23 que se disputó en Chieri, Italia. Por ese entonces, la ciudad de Lima no contaba con un bochódromo para el estilo Zerbín, su estilo, y tuvo que tomar una decisión.

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Con la meta puesta y el objetivo por cumplir, Jesús se entrenó durante siete meses, previos al torneo, en la calle. Sus compañeros, su entrenador y él hicieron todo lo necesario para amoldar un parque como cancha de entrenamiento. Esa convicción, que siempre mostró, lo llevó a consagrarse con la medalla de bronce en el certamen internacional.

Foto: Angel Leiva

Fue esa misma seguridad en sí mismo que le permitió años después obtener el título más valioso en su carrera como deportista: los Laureles Deportivos en el Grado Gran Oficial. El reconocimiento se dio gracias a la presea de bronce que ganó en el Mundial Senior en Marruecos en la modalidad de tiro rápido.

A sus 27 años, Jesús lo reconoce, “empezó como un juego, pero poco a poco se fue convirtiendo en una adicción”. Esa ‘adicción’, en el buen sentido de la palabra, hoy le permite tener un contrato con el Real Club de Lima y poder vivir y estudiar una carrera. Esa ‘adicción’ le ha vuelto a dar una oportunidad de portar los colores patrios en un Mundial, el de Lyon (Francia) en 2019.

Foto: Angel Leiva

¿Cómo fue tu acercamiento a este deporte?

En un principio solo veía como jugaban. Estuve por lo menos unos seis meses así. Un día, que estaba con un grupo de amigos, nos invitaron para entrar al bochódromo del Club de Bochas Social Rímac. Quien diría que ahí iba a encontrar mi talento.

¿Cuándo sentiste que te podías dedicar de pleno a las bochas?

Cuando uno de los entrenadores de la selección, en ese entonces, pudo ver que tenía potencial y me convocó para formar parte de una preselección. Anecdóticamente, no fue hasta un segundo intento que logré integrar el equipo nacional. La primera vez me sirvió como experiencia, pero como uno no solo quiere experiencia, conseguí clasificar y representar a mi país.

Desde que comenzaste has tenido bastantes logros a nivel internacional, ¿a qué crees que se deba esto?

A la dedicación y al constante apoyo de esas personas que están detrás de ti. En general, principalmente los entrenadores, familiares, amigos, tu entorno social, todo juega.

¿Cuándo le comentaste a tu padres que querías dedicarte a las bochas como lo tomaron?

No me impidieron nada. Ellos me han estado apoyando constantemente en lo que he deseado hacer. Ahora, prácticamente me he profesionalizado en esto de las bochas y qué más quiere uno que hacer lo que le gusta y vivir de ello.

¿Es verdad que dejaste los estudios un buen tiempo?

Sí, me encontraba estudiando Arquitectura en la Universidad San Martín de Porres; ya estaba por el tercer ciclo. Lamento un poco haberlo dejado, seguro que mis padres también. Preferí retirarme porque me encontraba, y me encuentro, en todo mi apogeo como deportista. A lo mejor si no lo hacía no hubiera conseguido los Laureles Deportivos. Una vez el profesor Hauser me dijo: “todo va a llegar en su debido momento”.  He alcanzado cosas importantes que van a marcarme para toda la vida.

Recuerdo muy bien cuando te entregaron los Laureles Deportivos y te vi muy emocionado, sobre todo cuando mencionaste a una persona en especial.

Sí, claro, lo recuerdo. Agradecí a mi entrenador Christian Hauser, con quien desde un inicio nos complementamos. Sus objetivos y los míos fueron los mismos desde siempre. Aquel día me puse un poco sensible, porque meses atrás él había fallecido. Los laureles fueron un regalo de nosotros dos para todos.

¿Qué significó para tu vida Christian Hauser? ¿Influyó mucho, algo? 

La verdad que influyó en todo. Fue un entrenador, un amigo, un padre. Fue importante y muy clave para mi desarrollo personal más que deportivo.

¿Ha cambiado en algo tu vida con el reconocimiento de los laureles?

No, todo sigue siendo igual. Se sabe, es un orgullo y una satisfacción que haya obtenido este distintivo. Si hubiera estado el profesor Hauser de seguro ese día hubiera sido más emotivo.

¿Qué tu disciplina haya sido considerada olímpica para París 2024 es una motivación extra para seguir?

Desde que nos dieron esta grata noticia uno sueña con llegar a unos Juegos Olímpicos, pero para eso hay que trabajar y mucho. Estamos con los pies sobre la tierra y sabemos que tenemos que ir paso a paso.